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Europa se endeudó en común para financiar la recuperación tras la pandemia y, al mismo tiempo, se dotó de algo que nunca había tenido: una Fiscalía propia para perseguir a quienes roban del presupuesto de todos. Miles de millones van a circular por administraciones nacionales. La pregunta ya no es si habrá fraude, sino si alguien se atreverá a denunciarlo y quién lo investigará.

Dinero común, vigilancia común

En 2021 la Unión Europea dio un paso histórico: acudir de forma conjunta a los mercados para financiar el fondo de recuperación. Una emisión de deuda de esa magnitud exigía garantías de que el dinero llegaría a su destino. En paralelo, ese mismo año empezó a funcionar la Fiscalía Europea (EPPO, por sus siglas en inglés), creada mediante el Reglamento (UE) 2017/1939 del Consejo en el marco de una cooperación reforzada entre los Estados miembros participantes, entre ellos España.

Se trata de la primera fiscalía independiente de la Unión, encargada de investigar, perseguir y llevar a juicio los delitos que afectan a los intereses financieros de la UE: fraudes en subvenciones y contratos, corrupción, blanqueo vinculado a esos fondos y grandes fraudes transfronterizos del IVA, para los que la normativa fija un umbral de perjuicio de diez millones de euros.

Fiscalía Europea y OLAF: dos piezas complementarias

Antes de la Fiscalía Europea ya existía la Oficina Europea de Lucha contra el Fraude (OLAF), que sigue recibiendo denuncias a través de su sistema de notificación en línea. Conviene distinguir sus papeles:

  • La OLAF realiza investigaciones administrativas sobre fraudes e irregularidades graves que perjudican a los fondos de la UE, así como sobre faltas graves del personal de las instituciones europeas.
  • La Fiscalía Europea tiene competencia penal: dirige investigaciones y ejerce la acusación ante los tribunales nacionales de los Estados participantes.

Cualquier ciudadano puede dirigirse a ambas. Es cierto que encontrar dónde presentar una denuncia no siempre resulta sencillo, por eso recogemos al final de este artículo los accesos oficiales.

Cuando Bruselas ve lo que aquí no se ve

¿Habrá muchas denuncias? Sin duda. La experiencia demuestra que las instituciones europeas detectan a veces lo que las nacionales no quieren o no pueden ver. Un ejemplo cercano: la Comisión Europea concluyó que las ayudas concedidas para la digitalización y extensión de la red de televisión terrestre en zonas remotas de España eran contrarias a las normas sobre ayudas de Estado y confirmó que España debía recuperarlas de determinados operadores. Lo que aquí se presentó como política pública, Bruselas lo calificó como ventaja ilegal para empresas privadas.

Este caso ilustra cómo funciona la corrupción en los tres poderes: un legislador que diseña el marco, un ejecutivo que reparte el dinero y, demasiadas veces, una justicia nacional que no encuentra nada reprochable. Cuando el control interno falla, el control europeo se convierte en la última esperanza.

Las preguntas que siguen sin respuesta

La memoria colectiva guarda escándalos cuyas cifras todavía estremecen y cuyo destino final muchos ciudadanos siguen sin conocer:

  • ¿Qué fue de los cerca de mil millones de euros que se han asociado a los expedientes de regulación de empleo de Andalucía? ¿Se recuperaron?
  • ¿Y de los más de veinte mil millones de euros públicos destinados al rescate de una entidad bancaria española? ¿Cuánto ha vuelto a las arcas públicas?

No son preguntas retóricas. Son la razón por la que una vigilancia europea independiente resulta imprescindible ahora que llegan los fondos de recuperación. Si no aprendimos del pasado, al menos tenemos herramientas nuevas para no repetirlo.

El dinero europeo es también dinero de cada ciudadano: callar ante su desvío es pagar dos veces la corrupción.

Es el momento de denunciar

Si usted conoce irregularidades en la gestión de fondos europeos —contratos amañados, subvenciones a medida, sobrecostes injustificados o ayudas encubiertas—, no espere a que otros den el paso:

  1. Reúna la documentación disponible: contratos, resoluciones, facturas, comunicaciones.
  2. Presente la denuncia ante la Fiscalía Europea si hay indicios de delito, o ante la OLAF por la vía administrativa.
  3. Comparta su caso con asociaciones como la nuestra para que no quede aislado.

Europa ha puesto la herramienta sobre la mesa. Usarla depende de nosotros. ¿Conoce algún caso más? Es el momento de denunciarlo.

Para saber más